Inter Miami estaba contra las cuerdas. Perdía 3-1 frente a un implacable Philadelphia Union, líder de la MLS, que parecía tener el partido en el bolsillo gracias a un doblete del goleador Tai Baribo y una joya del joven Quinn Sullivan. Pero en los últimos minutos, el guion cambió. Y como en las grandes historias, el protagonista fue el de siempre.

Cuando todo parecía perdido, Lionel Messi volvió a ser Lionel Messi. A los 87 minutos, Messi sacó de la galera un gol de tiro libre sublime, una pincelada perfecta que silenció a Subaru Park. La pelota besó la red en el ángulo superior, inatajable. Pero el drama apenas comenzaba.
Ya en tiempo de descuento, y cuando todo indicaba una derrota inminente, Messi volvió a aparecer. Esta vez como asistente. Con su visión privilegiada, sirvió un pase a Telasco Segovia, que tras varios rebotes y rechazos, sacó un disparo curvado que desató la locura en el banquillo de los Herons. El venezolano no marcaba desde marzo, pero eligió el mejor momento posible para volver a hacerlo.

Inter Miami, que venía de una dolorosa derrota 3-0 en casa, encuentra un punto que sabe a gloria. No solo por lo que significa en la tabla, sino por lo que transmite: carácter, resistencia… y la magia intacta del 10.

Un empate que sabe a victoria. Un Messi que nunca deja de sorprender. Y un Inter Miami que, cuando todo parecía terminado, volvió a la vida.








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