La espera terminó. La Selección Nacional de Guatemala vuelve a escena este sábado con un duelo amistoso de alto voltaje frente a El Salvador en Tennessee. Este partido no solo marca el inicio de una intensa ruta internacional que incluirá la Eliminatoria Mundialista y posteriormente la Copa Oro, sino también el regreso más comentado del año: el de Arquímides «Quimi» Ordóñez.

Después de dos años y medio de silencio, ausencias y negativas, el delantero finalmente aceptó el llamado del técnico Luis Fernando Tena, quien insistió incansablemente pese a haber sido ignorado en varias ocasiones. Ordóñez, que hoy milita en la liga de Moldavia tras su paso por el ascenso sueco y dejar el fútbol estadounidense, vuelve a vestirse de azul y blanco justo cuando más se le necesita.

La ofensiva chapina ha carecido de variantes y contundencia, y en ese vacío, la figura de Quimi —con su potencia, velocidad y experiencia internacional— vuelve a tomar protagonismo. Sin embargo, su regreso también despierta preguntas inevitables:
¿Era necesario rogarle?
¿Debe un jugador que dudó tantas veces tener un lugar asegurado?

Tena, fiel a su convicción de sumar talento, apostó nuevamente por el joven atacante. Y ahora, los reflectores están sobre él. Porque más allá del debate, lo que importa es lo que ocurra en la cancha. Guatemala lo necesita. Y Quimi, al fin, decidió decir presente.








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