Protestas migratorias, toque de queda y tensión marcan la llegada del club al Mundial de Clubes
El Atlético de Madrid aterrizó en Los Ángeles en medio de una ciudad que arde. Mientras el plantel rojiblanco descendía de su vuelo chárter con 15 jugadores rumbo al Mundial de Clubes de la FIFA, el centro de la ciudad seguía siendo escenario de intensas protestas contra las redadas migratorias ordenadas por el presidente Donald Trump.

Por quinto día consecutivo, cientos de manifestantes tomaron las calles para exigir el fin de los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que ya han dejado decenas de detenidos.
Las marchas coinciden con un toque de queda impuesto por la alcaldesa Karen Bass, en respuesta a los enfrentamientos y el vandalismo registrado cerca de edificios gubernamentales.
El equipo de Diego Simeone se dirige al hotel Conrad, ubicado apenas a cuatro calles del corazón del conflicto. Allí instalará su cuartel general en una ciudad que luce más parecida a una zona de guerra que a la sede de un torneo internacional.
La tensión es palpable. Calles vacías de turistas, patrullas en cada esquina y muros cubiertos de grafitis con mensajes de resistencia. El Edificio Federal, uno de los puntos más custodiados, es también epicentro de las concentraciones diarias.
Aunque la mayoría de las manifestaciones han sido pacíficas, ya se han producido varios arrestos.
El fútbol llega a Los Ángeles en uno de sus momentos sociales más convulsos. Y el Atlético, sin quererlo, ha quedado atrapado en una ciudad que hoy lucha por mucho más que un trofeo.








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