No clasificaron, pero hicieron vibrar al mundo. Porto y Al-Ahly se despidieron del Mundial de Clubes con un electrizante 4-4 que demostró que hay partidos que valen más por el alma que por el resultado.

Fue una montaña rusa de emociones desde el primer silbatazo. Hubo de todo: cabezazos letales, disparos imposibles, definiciones exquisitas y un penal al filo del infarto. En un torneo que suele premiar la estrategia, estos dos equipos apostaron por el corazón. Y ganaron el respeto del planeta fútbol.
Aunque sus posibilidades eran remotas —dependían de un milagro en el duelo entre Inter Miami y Palmeiras—, Porto y Al-Ahly decidieron regalarse y regalarnos un espectáculo inolvidable. Ocho goles, sin tregua, sin cálculo, sin reservas. Noventa minutos que honraron la esencia del deporte: competir con pasión, aunque el premio ya no esté en juego.
🔝 Wessam Abou Ali fue el gran protagonista con un hat-trick que encendió las gradas y la esperanza. Porto respondió con fuerza: Mora, Gomes, Samu y el veterano Pepê se encargaron de mantener la balanza equilibrada en un duelo sin descanso.
El empate final dejó fuera a ambos equipos, pero también dejó una lección: hay partidos que, aunque no definen títulos, se ganan en la memoria colectiva.
Porque en un fútbol lleno de pizarras, ellos eligieron jugar con el alma. Y eso, aunque no sume puntos, lo vale todo.








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