En una noche que quedará grabada en la memoria de los hinchas, el París Saint-Germain protagonizó una de las remontadas más electrizantes del fútbol europeo. Perdía 2-0 ante el Tottenham en Udine, con el reloj marcando el tiempo añadido, pero en apenas cinco minutos desató una tormenta que igualó el marcador y forzó la tanda de penales.

Bajo una presión asfixiante, el PSG mostró carácter y sangre fría desde el manchón, imponiéndose 4-3 para levantar su tercera Supercopa de la UEFA. El silbatazo final fue el inicio de una fiesta parisina en territorio italiano, una gesta que reafirma el hambre de gloria del campeón francés.
Con las piernas agotadas y apenas una semana de preparación frente al mes completo de su rival, el París Saint-Germain escribió una historia que parece sacada de un guion cinematográfico. Perdía 0-2 ante un Tottenham más fresco y dominante, pero en los últimos diez minutos desató una reacción épica: Kang-in Lee (85’) encendió la chispa y Gonçalo Ramos (90+4’) completó la hazaña con un cabezazo letal.

El empate llevó el duelo a la tanda de penales, donde los de Luis Enrique demostraron temple absoluto para imponerse 4-3 y levantar la Supercopa de Europa en Udine. Ousmane Dembélé, decisivo tras su reposicionamiento en el extremo derecho, fue el arquitecto del gol del empate y uno de los que no falló desde el punto fatídico.
El Tottenham, que había golpeado primero con tantos de van de Ven (39’) y Romero (48’), terminó víctima de un vendaval parisino en los minutos finales. La resistencia inglesa se quebró y el PSG firmó una gesta que ya entra en la memoria reciente del fútbol europeo.
En una noche de pulsaciones al límite, el campeón francés demostró que la fe, el carácter y un instante de inspiración pueden derribar cualquier pronóstico.








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