El Atlético de Madrid soñó con comenzar la temporada mostrando músculo, pero terminó dejando escapar un partido que parecía tener controlado.

En su visita al RCDE Stadium, el conjunto de Diego Simeone cayó 2-1 ante un Espanyol lleno de carácter, que remontó con coraje para quedarse con tres puntos de oro en el primer día de LaLiga.

El Atlético se adelantó temprano, ofreciendo una versión ambiciosa y brillante: Pablo Barrios, Almada, Baena y Julián Álvarez tejían una jugada inolvidable que pudo sentenciar el duelo. El remate del argentino se estrelló en el poste cuando el reloj marcaba la mitad del complemento: habría sido el 0-2 y un golpe casi definitivo. Ese instante fue el punto de quiebre.

El Espanyol, empujado por su afición, reaccionó con alma. El empate cayó como un jarro de agua fría para los colchoneros y transformó la energía del encuentro. De la posible sentencia rojiblanca, se pasó al asedio local: el conjunto catalán creció en intensidad y, con más corazón que fútbol, logró voltear el marcador ante un Atlético que no supo reaccionar ni cerrar el partido.
Mientras Simeone se lamenta por una ocasión perdida que pudo cambiar la narrativa del nuevo proyecto —con jugadores de mayor talento y apuesta ofensiva— el Espanyol celebra una victoria de prestigio que puede marcar su camino en el campeonato.

La Liga apenas empieza, pero el mensaje es claro: este Espanyol quiere soñar y este Atlético tendrá que aprender a sobrevivir al sufrimiento si quiere competir por lo más alto.








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