Lo que debía ser una noche de fiesta continental terminó en horror.

El jueves 21 de agosto, el duelo de la CONMEBOL Sudamericana entre Independiente y Universidad de Chile fue suspendido en el minuto 62 por una ola de violencia desatada en las tribunas.


Los enfrentamientos entre aficionados rápidamente se transformaron en una batalla campal. El saldo es devastador: tres personas fallecidas, un hincha en estado crítico y cientos de heridos, entre ellos varios niños. Testigos relatan escenas estremecedoras: seguidores que huyeron ensangrentados, e incluso personas que escaparon desnudas para salvar su vida.
La policía intervino con dureza y arrestó a más de 300 hinchas de la “U”, según informó TyC Sports. La CONMEBOL calificó la situación como una tragedia que enluta el fútbol sudamericano y abrió un expediente disciplinario contra los clubes implicados.
El episodio recuerda otros recientes brotes de violencia en el fútbol internacional, como el choque en la Conference League entre Maccabi Haifa y Raków, donde una pancarta provocadora encendió la confrontación.
Lo que debía ser pasión quedó manchado por el caos: una noche de copa convertida en pesadilla.








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