El Camp Nou vivió una tarde de contrastes. Lamine Yamal, con apenas 18 años, volvió a vestirse de protagonista al abrir el marcador desde los once pasos y coronar su celebración con un gesto de realeza.

Sin embargo, el héroe inesperado del Barcelona no fue el joven atacante, sino Joan García, el portero que mantuvo en pie a los blaugranas y evitó una derrota dolorosa ante un Rayo Vallecano que jugó sin miedo y que terminó rascando un 1-1 con autoridad.

El guion parecía ideal para el campeón defensor: penalti sobre Yamal, discutido y sin revisión del VAR por un fallo técnico, convertido con frialdad al minuto 40. Pero el fútbol le tenía preparado otro golpe a los de Hansi Flick.

La velocidad de Jorge de Frutos, Isi Palazón y Álvaro García expuso una y otra vez a la zaga culé, obligando a García a vestirse de salvador con cinco intervenciones decisivas.
La resistencia se rompió al 67’, cuando Fran Pérez, completamente libre en el segundo palo, cazó de volea un córner para igualar el marcador y encender a la afición visitante. Flick lo reconoció sin rodeos: “Tenemos que manejar mejor la pelota. Hoy Joan nos dio el punto”.

Mientras el Barça firma su primer tropiezo del curso tras dos victorias seguidas, el Rayo celebra un empate con sabor a triunfo y deja claro que los gigantes también sufren.
Y aunque Yamal sigue escribiendo capítulos de precoz madurez, la lección quedó clara: la corona culé todavía depende de mucho más que del brillo de su joya.








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