El Estadio Cuscatlán se vistió de azul y blanco para una noche que prometía fiesta, pero terminó en silencio. Surinam sorprendió a El Salvador con un 2-1 que deja a la Selecta con más dudas que certezas en su camino hacia el Mundial 2026.
Radinio Balker abrió el marcador para los visitantes y, aunque la esperanza renació con un autogol forzado tras la presión de Brayan Gil, el golpe definitivo llegó de los botines de Moreo Klas. Dos estocadas bastaron para apagar la ilusión de casi 30,000 aficionados que abarrotaron el Coloso de Monserrat con localidades agotadas desde días antes.
El encuentro estuvo marcado también por la preocupación: Nathan Ordaz, una de las promesas del equipo, tuvo que salir en el primer tiempo por molestias físicas, encendiendo alarmas en el banquillo de Hernán Darío “el Bolillo” Gómez.
El partido había generado expectación no solo por el invicto salvadoreño, que venía de vencer 1-0 a Guatemala, sino también por la rivalidad reciente: en junio pasado, ambas selecciones empataron 1-1 en el mismo escenario.
Esta vez, sin embargo, Surinam encontró la fórmula para romper el muro cuscatleco y llevarse un triunfo histórico.
La derrota golpea fuerte al ánimo de una afición que soñaba con un inicio perfecto. Ahora, la Selecta tendrá que recomponerse rápido si quiere seguir con vida en una eliminatoria que no perdona.








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