La historia en Penonomé parecía escrita para un final de infarto. Bajo una lluvia inclemente, en el estadio de la Universidad Latina de Panamá, Xelajú M. C. vivió una de esas noches que se convierten en eternas: de la angustia al éxtasis, del error al heroísmo.

El brasileño Romario Da Silva fue el protagonista absoluto. A los 86 minutos cometió una mano dentro del área que permitió al Sporting San Miguelito igualar la serie 2-2 y llevar el duelo al tiempo extra. La presión, el cansancio y la sombra de los penales parecían condenar al “Súper Chivo”. Pero el fútbol, con su guion impredecible, tenía reservada una última escena.

Al minuto 119, cuando los corazones ya latían al borde de la desesperación, Romario tomó el balón, encaró y soltó un disparo imposible. Golazo. Redención. Gloria. En un instante pasó de villano a héroe, y con su tanto firmó el 2-1 definitivo (3-2 en el global) que puso a Xelajú en semifinales de la Copa Centroamericana 2025.

“Le doy gracias a Dios. Primero cometí un error, pero Él me dio la fuerza y la oportunidad de regalarle este gol a toda la afición”, declaró un Da Silva conmovido tras el pitazo final.
Los dirigidos por Amarini Villatoro celebran doble: no solo avanzaron a semifinales, donde enfrentarán al poderoso Real España de Honduras, sino que también aseguraron su boleto a la Copa de Campeones Concacaf 2026, un escenario de élite continental.

La hazaña de Xelajú es más que una victoria: es una declaración de identidad. El club quetzalteco vuelve a levantar la voz en Centroamérica, demostrando que la fe, la garra y la pasión pueden convertir una noche de sufrimiento en una página dorada para la historia del fútbol guatemalteco.








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