Guatemala afronta este martes su despedida de las eliminatorias rumbo al Mundial 2026, un cierre que llega con el peso de la resignación, pero también con la dignidad de quienes, aun sin opciones, quieren dejar un recuerdo que sane un poco el corazón del país.

La Azul y Blanco recibirá a Surinam (7:00 p. m.) en El Trébol, escenario donde buscará regalarle a su gente una última alegría en un proceso que ilusionó, dolió y unió a millones.

El golpe del 2-3 ante Panamá todavía arde. No solo en los jugadores que se vaciaron en la cancha, sino en los 18 millones de guatemaltecos que sintieron cómo el sueño mundialista volvió a escaparse en la orilla.

Aun así, Luis Fernando Tena y sus dirigidos saldrán a competir con carácter, no por obligación, sino por respeto: al escudo, al público y a la historia. Porque cerrar un ciclo también significa honrar lo que sí dejó momentos inolvidables. Irónicamente, la despedida será frente a un rival que podría sellar en suelo chapín su primera clasificación a una Copa del Mundo.

Aunque para Guatemala la misión sea sumar puntos, autoestima y decoro, el duelo concentra la mirada regional: de este resultado dependen en gran medida las aspiraciones de Panamá, favorito de la zona, para asegurar su boleto directo.
Tena, firme en su ética profesional, dejó claro que jugará sin cálculos ajenos. Regresa Nicolás Samayoa, se ausenta Arquímides Ordóñez y la idea es simple: competir y consolar a la afición que llenará El Trébol por orgullo, no por tabla.
Con su contrato por expirar este año, el técnico mexicano se queda cerca de romper la sequía que acompaña a Guatemala desde su primera eliminatoria rumbo a Suecia 1958. No se logró esta vez. Habrá que intentarlo de nuevo en cuatro años.
Pero antes, queda un último partido para demostrar que, incluso en la despedida, esta selección sabe levantar la frente.








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