El Barcelona vivió una de esas veladas que recuerdan por qué la Champions tiene el aura que tiene.

Con el regreso de las Noches Mágicas al renovado Spotify Camp Nou —1,140 días después— el equipo de Hansi Flick mostró una mezcla de riesgo, renovación y carácter. El técnico apostó por un once valiente con tres novedades: Fermín López en la mediapunta, Raphinha en la izquierda y un Robert Lewandowski que regresó al rol de ‘9’ para liderar la ofensiva.

El ambiente era eléctrico. Apenas iniciado el partido, el Barça tocó la puerta con insistencia: un gol anulado a Lewandowski al minuto 10 y un misil de Gerard Martín Langreo que Zetterer desvió a mano cambiada encendieron a la afición. Pero el Frankfurt sorprendió primero: una recuperación perfecta, una salida limpia y el pase quirúrgico de Nathaniel Brown culminaron en un golazo de Ansgar Knauff que silenció el estadio por un instante.

El inicio del complemento fue un torbellino. El Frankfurt salió inspirado, decidido a hacer daño; el Barça respondió con vértigo. Y entonces, apareció él: Jules Koundé. El defensor francés, convertido en héroe inesperado, empató al 49 con un remate potente y, apenas tres minutos después, firmó un doblete histórico que detonó la euforia azulgrana y selló la remontada.
El tramo final fue una prueba de temple. El Frankfurt estrelló un balón en el travesaño, Pedri exigió otra vez al arquero rival y el Barça defendió con oficio una victoria que necesitaba para respirar en Europa. Con este triunfo, el conjunto de Flick suma 10 puntos en seis partidos (3V, 1E, 2D) y escala momentáneamente al puesto 14 de la tabla general de la competición.

Una noche de sufrimiento, coraje y regreso a la épica en un Camp Nou que, por fin, volvió a vivir la Champions como debía: rugiendo.








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