El Santiago Bernabéu vivirá una noche que quedará marcada como el punto más crítico del proyecto de Xabi Alonso.
El Real Madrid cayó 1-2 ante el Manchester City en la jornada 6 de la fase de liga de la Champions League, un golpe que expuso un equipo sin claridad, sin respuesta y con una creciente crisis anímica.

El duelo inició con energía y esperanza. El Madrid salió agresivo, vertical, decidido a dominar. El premio llegó temprano con el gol de Rodrygo, un estallido que parecía encaminar una noche grande. Pero ese impulso se evaporó en cuestión de minutos. Errores defensivos encadenados abrieron la puerta a un City implacable: Nico O’Reilley igualó con un remate clínico y, poco después, Erling Haaland silenció el estadio al firmar el 1-2 desde el punto penal tras una falta de Rüdiger. Todo antes del descanso. Todo demasiado rápido. Todo demasiado duro.

La reacción nunca llegó. El equipo quedó atrapado en sus propias dudas, incapaz de sostener el ritmo y sin la chispa que solía caracterizarlo. La ausencia de Kylian Mbappé, resguardado por molestias en la rodilla, volvió a ser decisiva: el francés suma 25 de los 45 goles del conjunto esta temporada, y su ausencia se nota como una herida abierta.

Este tropiezo no llega solo. El resbalón reciente ante el Celta, con dos expulsiones incluidas, ya había encendido las alarmas. Y ahora, con medios españoles reportando que la directiva evalúa la continuidad de Xabi Alonso, la caída ante el City agrava una sensación de derrumbe.

Aunque los números aún mantienen al Madrid en carrera —segundo en LaLiga y clasificado en Champions—, la sensación es inequívoca: el equipo ha perdido el control y el rumbo, atrapado entre egos, lesiones y un libreto táctico que no termina de cuajar. Una tormenta que amenaza con desbordarse.








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