La ilusión de ver a la Selección Mexicana frente a Portugal, en un duelo que marcará la reapertura del Estadio Azteca, se convirtió en una experiencia frustrante para miles de aficionados.
La venta de boletos fue un viacrucis digital: accesos bloqueados, asientos imposibles de seleccionar y pagos que nunca se concretaron marcaron tanto la preventa como la venta general.

La empresa Fanki, responsable del boletaje, había anunciado el miércoles 10 de diciembre como el primer día de venta. Sin embargo, los problemas técnicos obligaron a reprogramar el proceso para el día siguiente. Lejos de mejorar, las quejas se multiplicaron en redes sociales: primero, usuarios que no podían ingresar al sitio; después, quienes lograban entrar pero no podían elegir lugares ni completar la compra. Aun así, horas más tarde se informó que los boletos estaban agotados, lo que encendió aún más el enojo.
Ante la presión, Fanki emitió un comunicado en el que atribuyó las fallas a un presunto “sabotaje de un competidor”. La empresa aseguró que, debido a que cobra hasta 15 por ciento menos por transacción, fue blanco de amenazas que se materializaron en un ataque cibernético.

Según explicó, el 10 de diciembre su plataforma recibió hasta tres millones de solicitudes por segundo mediante bots, producto de un ataque de tipo Server-side Template Injection, que afectó a un proveedor internacional. Aunque los ataques continuaron durante la semana, Fanki afirmó que no lograron frenar la venta.

El partido se disputará el 28 de marzo a las 19:00 horas y el boletaje está oficialmente agotado. Sin embargo, el golpe final para los aficionados llega en la reventa: los precios se han disparado hasta los 145 mil pesos, impulsados por la expectativa de un posible debut de Cristiano Ronaldo en el Azteca.

Un sueño mundialista que, para muchos, quedó atrapado entre el colapso tecnológico y la especulación.








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