El Chelsea hizo oficial este martes la llegada de Liam Rosenior como nuevo entrenador con un contrato hasta 2032. No es solo un nombramiento deportivo: es una declaración de identidad.
Rosenior se convierte en el segundo técnico negro en la historia del club, un hito que añade peso simbólico a una apuesta ambiciosa en un proyecto que busca estabilidad tras años de turbulencia.

“Esta oportunidad es algo que no puedo rechazar en este momento de mi vida”, dijo en su despedida en Estrasburgo. Más allá del reto profesional, habló desde lo humano: el deseo de volver a casa, de ver a sus hijos después de meses lejos de ellos. Un sacrificio personal que, según confesó, solo tenía sentido si estaba ligado al éxito.
Hijo del exfutbolista Leroy Rosenior, Liam forjó una carrera de 16 años en la Premier League con Fulham, Reading, Hull y Brighton. En los banquillos, su sello ha sido claro: mentalidad ofensiva, desarrollo de jóvenes y construcción de equipos con identidad.

En Estrasburgo, al que llevó a un histórico séptimo lugar y clasificación europea, lideró una profunda reconstrucción y potenció talentos como Joaquín Panichelli y Emmanuel Emegha, quien podría reencontrarse con él en Stamford Bridge.
Su salida no fue silenciosa. Aficionados del Estrasburgo, críticos del modelo de multipropiedad de BlueCo, expresaron su rechazo con dureza. Rosenior respondió con firmeza: nadie puede cuestionar su integridad ni su trabajo.

El Chelsea, quinto en la Premier y urgido de coherencia tras la salida de Enzo Maresca, entrega el timón a un técnico sin experiencia previa en la liga, pero con ideas, carácter y una historia que trasciende el fútbol.
Para Rosenior, no es solo un ascenso: es la oportunidad de escribir su propio legado en uno de los clubes más exigentes del mundo.








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