Sumó tres puntos vitales, pero perdió algo más difícil de recuperar: la paz con su gente. El 2-0 ante el Levante cerró el marcador, no el malestar.

El Santiago Bernabéu volvió a ser un termómetro implacable de una crisis que no se esconde bajo los resultados. Hubo victoria, sí, pero también abucheos, reproches y un ambiente cargado que evidenció la distancia entre el equipo, la directiva y una afición cansada de explicaciones.

Desde el pitazo inicial, la tensión se palpó en cada balón. Vinícius Júnior, Jude Bellingham y Federico Valverde escucharon silbidos constantes, señalados como símbolos de un proyecto que perdió rumbo en las últimas semanas. Incluso Florentino Pérez volvió a ser blanco de críticas desde la grada, con reclamos directos a su gestión deportiva e institucional. El triunfo no alcanzó para tapar las grietas.

En lo futbolístico, el Madrid resolvió el encuentro tras el descanso. Kylian Mbappé rompió el cero al minuto 58 con un penalti que él mismo provocó, mostrando jerarquía en medio del ruido. Siete minutos más tarde, Raúl Asencio sentenció con un cabezazo certero a balón parado. Eficacia sin brillo, contundencia sin entusiasmo.

El partido también fue el primer triunfo liguero en el Bernabéu bajo el mando de Álvaro Arbeloa, encargado de liderar la transición tras la salida de Xabi Alonso. El resultado acompaña, pero el juego y la reacción del público dejan claro que el crédito es mínimo y la exigencia máxima.

No es un contexto menor. En apenas una semana, el madridismo digirió la derrota en la final de la Supercopa ante el Barcelona, la destitución de Xabi Alonso, la eliminación copera frente al Albacete y ahora una victoria envuelta en críticas.
El Real Madrid es segundo en LaLiga con 48 puntos, a uno del Barça, pero el verdadero desafío no está en la tabla: es volver a convencer a su gente.








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