Con el Real Madrid al acecho, el equipo de Hansi Flick recibe a un Real Oviedo urgido de puntos y con la impronta inicial de Guillermo Almada.
El Barcelona sostiene el liderato de LaLiga 2026 con 49 puntos, pero lo hace sobre una cuerda floja. La ventaja es mínima y cualquier distracción puede abrirle la puerta al Real Madrid, que respira a una sola unidad en una carrera que promete definirse al límite. En ese contexto, el duelo de la jornada 21 no admite concesiones: el líder recibe a un Real Oviedo que pelea cada balón como si fuera una final.
El Camp Nou, con aforo reducido a poco más de 45 mil aficionados, será el escenario este domingo 25 de enero de un cruce de realidades opuestas y necesidades comunes. Arriba, un Barça que busca sostener la cima; abajo, un Oviedo que necesita sumar para escapar del peligro.

Hansi Flick ha edificado a su equipo desde una base clara: el 4-2-3-1 como estructura innegociable. Orden, roles definidos y repetición de automatismos sostienen a un Barça que presiona alto, protege el mediocampo con doble pivote y gana fluidez con la movilidad de sus mediapuntas. La idea está clara y el funcionamiento, consolidado.

En la otra orilla, Guillermo Almada inicia su proceso en Oviedo con pragmatismo. Heredó un equipo golpeado y priorizó el equilibrio: 4-4-2, líneas compactas y reducción del error como primer objetivo. Antes que brillar, estabilizar. Antes que arriesgar, competir.
Las alineaciones probables reflejan el plan de ambos:
Barcelona: Joan García; Koundé, Cubarsí, Gerard Martín, Balde; Eric Garcia, De Jong; Lamine Yamal, Dani Olmo, Raphinha; Lewandowski.
Real Oviedo: Escandell; Ahijado, Calvo, Carmo, Alhassane; Hassan, Sibo, Colombatto, Chaira; Reina, Viñas.
El antecedente inmediato favorece al líder: 1-3 en el Tartiere en la primera vuelta. Un partido duro que el Barça supo resolver con jerarquía. Ahora, con la presión del liderato, la historia vuelve a escribirse. Y no hay margen para el error.








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