El Barcelona está en semifinales de la Copa del Rey, pero el boleto le costó más sudor del previsto.

En un Carlos Belmonte encendido, el cuadro azulgrana sufrió hasta el último suspiro para imponerse 2-1 al Albacete, un rival de Segunda División que volvió a demostrar que en esta competición no existen jerarquías intocables.
Desde el arranque, el Albacete salió sin complejos. Presión alta, intensidad y convicción para incomodar a un Barça que tardó en asentarse. Antonio Puertas avisó temprano y obligó a Joan García a intervenir, mientras el público empujaba con la ilusión de otra noche histórica.

El dominio territorial, sin embargo, fue cambiando de dueño con el paso de los minutos.
La chispa llegó desde los pies de Lamine Yamal. El juvenil, cada vez más decisivo, rompió el equilibrio al minuto 39 con una definición precisa dentro del área, tras una asistencia de Frenkie de Jong. Golpe anímico justo antes del descanso y ventaja para un Barcelona que parecía encaminar el duelo.
En el complemento, el Albacete no bajó los brazos, pero el Barça fue letal en su momento clave. Al 56’, Ronald Araujo apareció en el área chica para cabecear un centro de Marcus Rashford tras tiro de esquina y firmar el 0-2. Todo apuntaba a una noche tranquila… pero fue todo lo contrario.

La falta de contundencia azulgrana mantuvo viva la eliminatoria. Ferran Torres y Dani Olmo perdonaron y el castigo llegó al 87’, cuando Javi Moreno descontó de cabeza y desató la locura en el Belmonte. El cierre fue de máxima tensión: un gol anulado, un remate salvado sobre la línea por Gerard Martín y un Barcelona resistiendo con el corazón en la mano.
El pitazo final selló el pase culé, pero también dejó una advertencia clara. El Barcelona avanzó, sí, pero entendió que en esta Copa del Rey no hay margen para la relajación. El Albacete cayó de pie; el gigante, tocado, sigue en carrera.







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