El FC Barcelona ganó, golpeó y soñó, pero el reloj fue más fuerte que su furia.
El 3-0 en la vuelta no bastó para borrar el 4-3 global que clasificó al Atlético de Madrid a la final de la Copa del Rey tras una eliminatoria de máxima tensión.

El equipo azulgrana asumió el riesgo desde el primer minuto. Presionó alto, monopolizó la pelota y convirtió el Camp Nou en un asedio constante. Marc Bernal encendió la esperanza con el primer tanto y Raphinha, desde el punto penal, firmó el 2-0 antes del descanso. La remontada dejó de ser utopía y se convirtió en amenaza real.

Pero enfrente estaba el equipo de Diego Simeone, fiel a su identidad: orden, resistencia y convicción. El Atlético se replegó, cerró espacios y soportó el vendaval con disciplina casi quirúrgica. En el complemento, Bernal firmó su doblete para el 3-0 al minuto 72 y el estadio creyó. Sin embargo, el tiempo se agotó y la hazaña quedó a un suspiro.

Más allá de la derrota en la noche catalana, el conjunto rojiblanco celebró una clasificación coherente con su libreto histórico en eliminatorias directas: sufrir, resistir y avanzar. Será su vigésima final copera y el 18 de abril buscará su undécimo título ante el vencedor de la serie entre la Real Sociedad y el Athletic Club.








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