La grandeza volvió a vestirse de rojo. CSD Municipal escribió una nueva página dorada en el fútbol nacional al proclamarse campeón del Clausura 2026, tras imponerse con autoridad a Xelajú MC en una final cargada de intensidad, drama y emociones que terminó apagando el sueño altense en el estadio Mario Camposeco.

En una noche donde Quetzaltenango soñaba con una remontada histórica, Municipal mostró el oficio y la jerarquía de los equipos grandes. Los superchivos salieron decididos a cambiar la historia desde el primer minuto y lograron encender el estadio al 15’, cuando Manuel Romero apareció para marcar el gol que hacía creer a toda la afición local en la hazaña. El Mario Camposeco explotó de ilusión y el ambiente se convirtió en una auténtica caldera.

Sin embargo, el encuentro también estuvo marcado por la tensión y el roce constante. Las tarjetas amarillas para Kevin Ruiz, Braulio Linares, Yair Jaén, Yunior Pérez y Juan Cardona reflejaron la intensidad de una final donde nadie regaló espacios.

Cuando Xelajú atravesaba su mejor momento, llegó el golpe que cambió por completo la serie. En el minuto 46, justo antes del descanso, Manuel Romero terminó enviando el balón a su propia portería en una jugada desafortunada que silenció por instantes el estadio y devolvió la tranquilidad a los rojos. Aquel autogol se convirtió en un golpe anímico devastador para los locales.

Para la segunda mitad, ambos técnicos movieron el tablero buscando inclinar la balanza. Roberto Hernández lanzó toda la artillería ofensiva, mientras Municipal respondió con variantes que terminarían siendo determinantes. Y fue precisamente uno de esos cambios el encargado de liquidar la final.

Al minuto 58, José Morales culminó una gran jugada colectiva para marcar el segundo tanto rojo y sentenciar prácticamente el campeonato. El gol cayó como un balde de agua fría sobre Xelajú y terminó por extinguir la esperanza altense de regresar a la pelea.
Tras el silbatazo final, la celebración fue completamente escarlata. Municipal resistió la presión, silenció Quetzaltenango y levantó su título número 33, reafirmando su dominio histórico y dejando claro, una vez más, por qué sigue siendo el club más ganador del fútbol guatemalteco.








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