Paraguay escribió una de las páginas más memorables de la Copa del Mundo 2026 al eliminar a Alemania en una dramática definición por penales (4-3), después de igualar 1-1 tras 120 minutos de un duelo cargado de intensidad, emociones y polémica. El gran héroe de la noche fue el arquero Orlando Gill, quien firmó una actuación inolvidable con dos atajadas espectaculares que mantuvieron con vida a la Albirroja y la impulsaron hacia los octavos de final.

El conjunto sudamericano golpeó primero justo antes del descanso. Julio Enciso apareció dentro del área para conectar un preciso cabezazo y vencer a la defensa alemana, desatando la ilusión de la afición paraguaya. Sin embargo, la respuesta europea llegó rápidamente en el segundo tiempo, cuando Kai Havertz igualó el marcador al minuto 52 y devolvió la esperanza a los cuatro veces campeones del mundo.

En la prórroga, Alemania creyó encontrar el gol de la clasificación. Jonathan Tah envió el balón al fondo de la red al minuto 102 tras un tiro de esquina, pero el VAR intervino para anular la acción al detectar una falta de Waldemar Antonsobre el guardameta Orlando Gill, una decisión que mantuvo con vida a Paraguay.

Con el 1-1 inamovible tras dos horas de fútbol, todo se resolvió desde los once pasos. Allí apareció la figura gigantesca de Gill. El arquero paraguayo detuvo dos penales con impresionantes atajadas a una sola mano, desarmando la confianza de los cobradores alemanes en el momento de mayor presión. La Albirroja respondió con ejecuciones llenas de personalidad y, cuando Alemania tuvo la oportunidad de prolongar la serie, su último disparo terminó por encima del travesaño.

El definitivo 4-3 en la tanda desató la euforia paraguaya y consumó una de las mayores sorpresas de los dieciseisavos de final. Gill pasó de ser el último hombre de la defensa al protagonista absoluto de la clasificación, firmando una actuación que ya queda entre las más recordadas del torneo. Paraguay derribó a una potencia histórica del fútbol mundial con carácter, orden y un arquero que se convirtió en un auténtico muro cuando más lo necesitaba su selección.








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